5 Septiembre 2008

Escribe Lomer

Cuando me dijeron, “Podrás quedarte con Nano por el fin de semana?. Me alegró mucho. “Claro”, fue mi primera reacción ,sin pensar en como podría tomarlo Ramón, cuando se enterara.

Seguramente los celos del momento serán pasajeros. (Eso sigo pensando).

Cuando salí de casa le dije a Ramon que iría por su hermano mayor. Hasta el momento ,había obviado que supieran de la existencia de uno y otro. Porque la llegada de Ramón a casa, fue realmente accidental. Y explicarles que,  son hermanos pero en realidad no lo son, pero deben quererse como si realmente lo fueran. (Tal vez sea yo, el que necesite sicólogo, y no ellos ?). En fin. Cuando me dieron la sorpresa de la visita de Nano, dije “Es el momento ideal para que se conozcan y convivan, en un principio, por el fin de semana.”

Si todo sale bien, aunque  a sus madres no  les gustó nunca  la idea ,yo pienso, al menos, que ellos pudieran visitarse seguido. A pesar de los posibles  problemas, los grandes deberemos encontrar la solución por el bien de los dos.

Cuando llegué a su casa, Nano, me estaba esperando.Me recibió con un fuerte abrazo y  produjo  en mí, esa enorme alegría  que todo padre  siente cuando su primer hijo que no vive con él, le demuestra que lo quiere y lo extraña y tiene ganas de estar con uno.

Es que Nano, tuvo que soportar mi ausencia por  cinco años. Lo había dejado con catorce meses de edad. Cuando regresé ,me negó por mucho tiempo, el cariño. Y yo, conciente de sentirme culpable, lloraba en silencio  cuando Nano ,en realidad ,lloraba de verdad porque no quería que lo abrazara. Siempre se escapaba para refugiarse en los brazos de su madre.Fueron muchos meses para que Nano me perdonara. En ese entonces ,pude traerlo  varias veces de paseo y fuimos felices de hacer lo que se  nos antojara. Pero ésta vez es diferente. Sobre todo porque ya no es el centro de la casa. Ni el único bebé.

Cuando abro la puerta de casa, los dos, que  ya presentían algo extraño , se miraron frente a frente. Nano pidió mis brazos enseguida y se puso a temblar.

Tuve que explicarles. Hacerles ver que eran hermanos aunque no fueran de la misma madre ni tampoco de la misma raza. Pero no me dió muchos resultados. Cada uno quiso marcar su territorio. 

Cómo será el fin de semana entre un perro caniche (Nano) y una gata (Ramón)?

Por lo pronto, una mostró sus uñas para decirle “No te metas conmigo.Acá la dueña de la casa soy yo”.

Lo de Ramón y, no se trata de un cambio de sexo, sino cambio de nombre, será otra historia de la vida real. Por qué, ese nombre,siendo gata? Y cómo llegó, a mi casa?…

En la próxima entrega




1 Comentario para “Nano y Ramón”

  1. Lucia Dice:

    La pobre Ramón llegó última en reparto de nombres…
    pero al menos cariño hay de sobra, para compensar!
    E imagino que entre perro y gata - con nombre de persona y encima hombre - no cabe más que una tertulia teatral, por aquello de que las mascotas se parecen a sus dueños…

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