23 Agosto 2008

Escribe Lomer

 

En realidad se trataba casi como si fuera una orden. En la casa de  Marissa el tocadiscos  tenía unos parlantes que se podían escuchar  “un chiche”.

Las chicas llevaban “pa comer” y nosotros “pa´tomar”.

Me acuerdo cuando Jorge había llevado escondido una petaca con WW y terminamos manejando aviones en nuestros vasos. Pero el alcohol siempre brillaba por su ausencia.

Los asaltos eran para escuchar música, charlar, jugar a las cartas, bailar.

Los padres de Marissa eran repiolas. Empezábamos temprano y  a la hora 1 cada uno ya estaba en su casa.

Recuerdo que un sábado quisimos entrar a Au Revoir pero nuestras caras de menores nos delataron y  la gran joda terminó en el cordón de la vereda de la casa de Luciano. De la casa pudo rescatar galletas 900 de Pesce Hnos  y tomamos mate con “la que nunca se lava” yerba Sara. Amanecimos así. Julián tenía un amigo que trabajaba en  Paycoop y fuimos a buscar los bollos recién salidos del horno. Cuando pasamos por calle Sarandí  el olor a frutas y verduras de los puestos de los feriantes y el movimiento de gente nos anunciaba  un amanecer que ya invitaba irnos dormir después de una noche que empezó con un Gran asalto, Gran.

Si bien el sábado no teníamos edad para entrar al baile, al menos el domingo con los Festivales de la Alegría nos podíamos desquitar de lo lindo.

Esta noche  fui asaltado pero por esos recuerdos “lindos haberlos vivido para poderlos contar” al decir del Sabalero.

 

 




Dejar un Comentario