13 Junio 2008

Salí caminando de la radio por avenida España rumbo oeste.

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 El comienzo de la tarde se presentaba espléndido. Un cielo totalmente claro. Un sol radiante. Una temperatura super agradable.

Todo tan lindo que hasta el ánimo de quienes caminábamos por las calles  llevábamos impresa una sonrisa en el rostro.

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Al llegar a casa tenía una clase de locución con un alumno que viaja desde Casa Blanca. Cuando llegó le propuse “Qué te parece si la clase la damos en el puerto?”

No estaba la tarde como para estar encerrado dando clases, sino para disfrutarla al aire libre.

Apronté el mate . Caminamos lentamente disfrutando de la espléndida tarde.La plaza Artigas se veía radiante.

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Lo que nunca podía imaginar que mientras caminábamos pisando las hojas amarrilas de los frondosos árboles de avenida Brasil,  este joven alumno proveniente de Casa Blanca , no conocía la zona. Admiraba la construcción de viejos edificios del puerto. Yo me sentí un guía turístico contándole la parte histórica y la importancia de la zona. Lo que fue en su apogeo, cuando el puerto era fuente de trabajo. Cuando vio el Palacio Rizzo quedó admirado de su construcción.

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Al caminar por las callecitas empedradas con fachadas de edificios a los que les queda solo eso, se preguntaba un joven sanducero de 17 años “Por qué no se hace de esta zona un lugar turístico, para que la gente venga a conocerlo. Esto parece de película” decía sin salir del asombro de lo que él descubría por primera vez. Viviendo a escasos minutos de la ciudad.

Llegamos al sitio donde daríamos la clase al aire libre.Quedó más maravillado, no tanto por la vista hacia el río. En Casa Blanca disfruta de vistas tan magníficas como ésta. Sino por el  entorno.Los edificios de la aduana, los silos del puerto.

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El río era un espejo. El sol se miraba perfecto en las aguas y se reflejaba aún más irradiando una sensación de calidez.La tarde estaba tan agradable. Los ojos eran como una cámara que registraban en los recuerdos cada rincón.

El sonido de una gaviota nos lleva a seguirla en su vuelo.

El eco de las voces de los pescadores que estaban en la cercanías era como si se sumaran a la rueda del mate y se confundían con la voz de locutor de Julián mientras interpretaba un texto comercial.

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En un momento el silencio total se apoderó del lugar y se podía escuchar  el ruido de algún bagre saltando,  del sonido de la plomada penetrando en las aguas para buscar  su pescado. De  repente desde una franja de agua que va contra la corriente  llevaba lo que de lejos parecía una persona  recostada y con una pierna en el aire. Al pasar cerca se comprueba que  se trataba de un tronco con  forma de orqueta que era llevado por la corriente quien sabe hacia dónde.

Qué privilegio disfrutar de esto. Congelar la rutina y disfrutar  el momento. Me sentí feliz de haber respondido al llamado de la tarde. Y de tener un cómplice. Con su celular Julián termina diciendo en la filmación “Para que veas mamá qué lindo lugar conocí” .

No podíamos dejar la tarde como la sinfonia de Schubert “Inacabada”. Debíamos acompañarla hasta que el sol decidiera irse a dormir trás los árboles de la isla Caridad.

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Parados en el borde del  muelle  el sol parecía que venía a saludarnos hasta nuestros piés y  se iba despidiendo como una mano anaranjada que se aleja lentamente. Cuando llega al borde de la isla recién elevo los ojos porque lo estaba viendo despedirse a través del espejo de las aguas del río.

El verde oscuro de los árboles de la isla parecía  un manto pronto para envolver la cabeza naranja de un cuerpo soleado.

Cuando lo envolvió totalmente sale  un reflejo  esfumado que se queda impregnado en un cielo claro que  empieza a mezclarse con una noche que se abraza maravillada  de esta tarde del jueves 12 de junio.

Esa sensación de paz que producen los atardeceres se adueñaronn de mis pensamientos y sentimientos.

Salimos caminando. Dejamos atrás el puerto. Pasamos por la bella Plaza Colón

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Cerca de ahi ,vimos un cartel indicando venta de tortas fritas. No pudimos evitar comprar algunas e ir saboreándolas por las calles de Paysandú.

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 Minutos mas tarde yo tenía que regresar al mundo real. Debía cubrir para el informativo la inauguración de la XXXVI Jornadas de Buiatría.

Pero quien me quita la tarde distinta que viví!

Y por eso la comparto con ustedes

  




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