Esta entrada fue publicada el Sábado, Mayo 3rd, 2008 a las 1:05 y se encuentra en la categoría Yo escribo tú escribes . Puedes dejar un Comentario desde aquí y seguir la evolución de los comentarios de esta entrada a través del Feed RSS 2.0.
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3 Mayo 2008
Por Lomer
- Cuánto hacía que no te veía? Le dije y mi amigo Marcelo se puso a pensar…
- La última vez que te vi ,fue en Montevideo, antes de irme a Buenos Aires, te lo digo?
- Dale! Le dije ansioso
- Y bueno …tenía 20 cuando me fuí y como en el tango del Mago he vuelto pero … 25 años después…
Las palabras de Marcelo, hicieron un eco en mi memoria y me llevó justamente hasta nuestra niñez compartida con Pachaca, Alvarito, Miguelito.
Tanto me habré quedado abosrto que la voz de Marcelo me trae al presente.
- Tachu, has visto a los demás gurises? Me pregunta.
- Al que siempre veo es a Pachaca, los demás se fueron de Paysandú. Y yo anduve tanto tiempo afuera que perdí contacto con ellos, le dije.
Con el termo y mate salimos desde casa caminando rumbo hacia el Barranco, en el arroyo Sacra y cuando pasamos por avenida Soriano los ojos de Marcelo no podían creer lo que estaban viendo.
_ Qué pasó con el ombú? Me dijo .
En verdad no supe que decirle. De seguro fue la misma pregunta que me hice cuando en Miami me dieron la noticia.
Se quedó parado en la esquina de Libertad y Soriano.
Sus ojos giraban hacia todos lados.
Sus ojos buscaban tal vez aquellos gurisitos que se sentían tan pequeñitos cuando lo intentaban trepar. Los mismos que jugaban debajo de su frondosa sombra.
Los mismos que a la siesta se quedaban contando cuentos de aparecidos y que en las noches de viernes 13 no pasaban ni locos en horas de la noche. Siempre nos íbamos antes del atardecer. No sea que la noche nos encuentre y….
Pero no fue la risa sino las lágrimas de Marcelo que, absorto y sin poder emitir palabras, me llevó a contarle…
- Mamá rescató un trozo de madera del ombú. Y no se porque, cuando regresé a Paysandú, pensé en cada uno de ustedes, los gurises de la barra y lo guardé para entregarles a cada uno, un pedazo de nuestra infancia.
Volvimos a casa porque quiso ver las fotografías de la mañana en que abrazado al suelo el ombú quedó en el medio de la avenida Soriano.
Pero tengo otro regalo para vos,le dije, mi amiga Lorena del diario EL telégrafo me obsequió esta foto y la comparto con vos.
La tomó entre sus manos y como por arte de magia la tristeza se volvió una carjacada de aquellas a las que largábamos cuando eramos gurises y nos reíamos hasta del vuelo de una mosca.
Cuando de repente aparecen corriendo Miguelito, Alvarito y Pachaca y los trés con los brazos abiertos venían hacia nosotros…
“Pescadorrr. Pescado freeesco …vendooooo”
El grito desde la calle …justo cuando nos reencontrábamos la barra de Solis y Libertad, me devuelve a la realidad.
Me ví con los brazos extendidos y yo sentado en medio la cama. Solo. Quise retomar el sueño, pero…
De no creer….
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