27 Abril 2008

Por Lomer

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La siesta fue interrumpida por el ruido seco del granizo cayendo sobre el techo de zinc de mi dormitorio.

La gata saltó sobre la cama en busca de protección.

El agua de lluvia entraba por la ventana abierta que mira hacia el sur de calle Solís. Y  las cortinas danzaban al compás del viento. Cierro las ventanas. Y  el coro de la granizada y el de la lluvia al unísono sobre el techo de zinc ponían música tormentosa a la tarde de domingo.

Detrás de los grandes ventanales del dormitorio veía como el granizo con su manto blanco abrigaba el césped de la vereda. Y como si fueran ranitas blancas saltaban sobre los tallos de las plantas de aloe del jardín.

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Me encanta el sonido de la lluvia y verla como se abraza con la calle y se junta en muchos abrazos y  corretea simulando las aguas de un inquieto arroyo que pasa rumbo al río.

Me  transporta a mi niñez.

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Cada que vez que llovía fuerte, como si telepáticamente nos comunicaramos con los gurises del barrio salíamos a jugar a  la calle. Correteábamos en sentido contrario al agua que pasaba rápidamente hacia abajo por  calle Solís. Los barcos en papel de diario se me imaginaban surcando mares tormentosos. Nosotros seguíamos su rumbo hasta que se nos perdían en dirección oeste para encontrarse con nuestro océano-río Uruguay.

El llamado de nuestras madres casi en coro porque nos descubrían jugando en la calle  mientras llovía copiosamente: “ Qué estás haciendo? Entrá que te vas a engripar!…”

Después de una ducha obligada el humo de la taza de café nos enviaba sus señales y el perfume de las tortas fritas inundaba la casa.

El viento despide bailando a las últimas hojas amarillas del árbol que está en la vereda.

Mientras escribo en mi computadora  en esta tarde del domingo 27 abril miro a través de los cristales de la ventana que da hacia la calle. Al tiempo que  me  dispongo al tipico ritual de cada tarde de lluvia.

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2 Comentarios para “Como lluvia de domingo”

  1. WALTER Dice:

    me agrado mucho hacia donde llevastes tus comentarios sobre esta lluvia de domingo con granizo incluido que yo no la vivi por no estar en paysandu y imagino la nostalgia de algunas personas que ya no estan en nuestro pais al leer tus lineas con recuerdos de la niñes , en tu caso una niñes sobre una calle de azfalto , en el mio y en el de otros compatriotas , calles que eran de barro pero que hoy extrañamos , sobre todo quienes nos criamos al norte de av salto , o al sur de soriano, con nuestras canchitas hoy convertidas en barrios construido para en muchos casos personas trabajadoras de bajos recursos y en otros para no tan trabajadores pero que consiguieron lo que muchos con años de trabajo pero mucha dignidad no han conseguido que es m su propio techo , un abrazo de , argentina

  2. Horacio Dice:

    Gracias Walter: En realidad cuando yo era niño ” más niño que ahora” ( risas) Solis hasta pasar Misiones( hoy Batlle Berres) y seguir hacia mucho más abajo( vivo entre Libertad y Silván Fernández) la calle estaba alfombrada de tosca. Y con la barra de gurises de mi época Pachaca, Miguelito, Marcelo, ALvarito,corríamos sin ningún drama por las calles con cascotes de tosca incluidos. De niño me fascinaba correr descalzo. Hoy ni siquiera dentro de la casa ando descalzo. Pero mi niñez en mi querido barrio fue feliz. Y la disfruté mucho. Un abrazo grande como el ombú que teníamos en avenida Soriano. Y muchas gracias por tus aportes y comentarios.

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